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 Tras la batalla

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Nymeria

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Mensajes : 72
Fecha de inscripción : 29/03/2009
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MensajeTema: Re: Tras la batalla   Vie Abr 10, 2009 2:39 am

Escuché en silencio, absorviendo su pasado como si se tratase de mi propia historia. Me dejé envolver en su abrazo, sintiéndome segura, a salvo junto a él. Y a la vez le envolví entre mis brazos en un intento por reconfortarle.

Estar con Shinichi era tan confuso y tan excitante a la vez... Sentía que me movía sobre arenas movedizas, una palabra equivocada, un gesto inoportuno y él se cerraría en banda, le perdería. Además eran tan divertido tratar con él, tan sencillo convertir cualquier tonteria en un reto, en una prueba con la que acercarme a él.
Esta nueva faceta suya, más sensible, más humana, no hizo más que acrecentar mi convicción de que el problema de Shinichi era la fuerza. No en el sentido físico, sino toda esa fuerza espiritual que se había impuesto a sí mismo. Se había obligado a madurar, a fortalecer su alma para sobrevivir y había terminado por encerrarse en si mismo. Aquello inspiraba cierta ternura en mi interior, deseaba con todas mis fuerzas estrecharlo contra mi pecho hasta que todo aquel frío en su corazon desapareciese.

Sin deshacer el firme abrazo que él había creado, tomé la palabra, con la voz dudosa, abrumada por mis recuerdos y los suyos que se entremezclaban en una misma historia.

-Shinichi, tus manos están cubiertas de sangre, pero las mías también empuñan un arma.

Me separé un poco de él, tomando sus manos en las mías y entrelazando nuestros dedos.

-Yo... no tengo mucho que contar y tampoco creo que quieras saberlo. Nací en una familia grande, de esas de muchos miembros y en las que nadie se conoce realmente. Yo no fui la hija que esperaba nadie -cerré los ojos, las escenas pasadas revivían ante mis ojos-. Debería de haber aprendido idiomas, haber estudiado los libros de mi padre...

Suspiré y dejé caer mis manos, que unidas a las suyas se hundieron en el agua.

-Da igual, tampoco tiene importancia. Al final yo también me marché -le di largas, arrepintiendome de haberme ofrecido a hablar. En realidad no sabía como contarle nada.
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Kirtash

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MensajeTema: Re: Tras la batalla   Vie Abr 10, 2009 3:28 am

Observaba con detenimiento cada movimiento de su cuerpo y cada nuevo gesto que adoptaba su rostro. Leía sus expresiones con curiosidad, ávido de conocer todo lo que sus pensamientos me censuraban.
Con cuidado, la bajé de mi regazo y la coloqué sobre la superficie de la bañera. Con mis brazos aún extendidos empujé sus rodillas y la deslicé a la otra esquina. No se me había pasado por alto el deje de tristeza que había relampagueado en sus ojos, pero tampoco quería obligarla a hablar si se mostraba reacia a ello. Me lo iba a contar ella misma.

Separé sus piernas sin prisa, deleitandome con la visión que me ofrecían cada vez más claramente. Aprecié vagamente que su respiración se había acelerado y parecía sincronizada con el acelerado ritmo de su corazón. Esta vez no me andé por las ramas, incliné directamente la cabeza y permití que mi lengua hiciera todo lo demás. Me tomé mi tiempo para hacerlo lentamente, friccionando en aquellas zonas que eran más sensibles y recreandome con el sonido de sus gemidos y sus intentos fallidos de pronunciar una frase siguiendo a mi nombre.
Cuando me pareció que había tenido suficiente como aperitivo me detuve y me incorporé.

-Prometo continuar luego -Afirmé mientras me pasaba la lengua por los labios-. Pero antes quiero escuchar tu historia. A mí tampoco me gusta que me dejen a medias.

La chica tenía la respiración entrecortada y estaba totalmente roja. Algunos mechones rebeldes se le habían pegado a ambos lados de la cara dándole un aspecto arrebatador. Si no fuese porque mis ganas de saber más de ella eran más fuertes que cualquier otro apetito que mi cuerpo pudiera tener, la habría agarrado en ese instante y habría acallado el acuciante deseo que me consumía.
Por suerte, era un chico con un férreo control sobre sí mismo.
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Nymeria

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MensajeTema: Re: Tras la batalla   Vie Abr 10, 2009 4:00 am

Apoyé el rostro en la pared, helada contra mi piel. En realidad en aquel momento todo parecía hielo contra mi piel. En un instante todo mi torrente sanguíneo había empezado a hervir. Realmente necesitaba respirar un poco antes de volver a ser capaz de vocalizar dos palabras seguidas. ¿Cómo demonios podía dejarme asi? Necesitaba sentir de nuevo su contacto, quería experimentar esa sensación tan increíble de nuevo.

-Eres cruel -acusé en un jadeo, arrancándole una sonrisa.

Según iba recobrando la normalidad, me coloqué de rodillas y me acerqué lentamente a él, remarcando cada uno de mis movimientos. Yo ansiaba volver a sentirle sobre mí, pero seguramente él también tenía ganas de terminar con lo que había empezado, y yo iba a aprovecharme de ello. Apenas tenía espacio para moverme, pero me aseguré de que todo mi cuerpo se moviese sensualmente hasta quedar pegada a su pecho de nuevo.

-Voy a complacerte -murmuré, tomando sus manos y guiándolas sobre mi piel, recorriendo mi cuerpo.

Noté cómo se tensaba ante mi acercamiento y seguí deslizando sus manos sobre mí, mostrándole los rincones que debía tocar. Entonces me detuve en una pequeña cicatriz que tenía en la espalda, al final de la columna.

-Todas las marcas que encuentres en mi cuerpo tienen nombre -susurré en su oído-. Esta se llama papá.

Llevé sus manos bajo mi pecho izquierdo y le obligué a recorrer la línea que llegaba hasta el hombro.

-Esta también se llama papá, y esta -murmuré moviendo sus manos de nuevo-. Y esta. Esta también. Y esta se llama hermano.

Suspiré, bajando la cabeza y soltando sus manos. Mi cuerpo, lleno de pequeñas cicatrices debía de asquearle. No era lo mismo pensar que todo aquello era fruto de heroicas batallas, de algún malvado enemigo, que saber la verdad. Pero él había dicho que quería oírlo, haya él con sus deseos.

-Una gran familia tradicional, eso es lo que yo tuve. Y en esa familia yo no tenía derecho a luchar o a pensar. Sin embargo, insistí tanto en ello... yo quería aprender a manejar el acero como mi hermano... Mi padre me prohibió volver a abrir un libro y me impuso un severo entrenamiento. Al final estaba aprendiendo a luchar. Ya era difícil vivir con él, yo simplemente le di una excusa para golpearme.

Me aparté un poco de él, abrumada por los recuerdos. De pronto me sentía indefensa otra vez, asustada como la niña que creía haber dejado atrás. Me abracé las rodillas, temblando.

-Yo no lo entendía, no era eso lo que quería... A veces me escapaba por las noches a leer a escondidas. No eran los libros que él pretendía que yo memorizase, eran aventuras, historias de amor. Sueños, muchos sueños. Y cuando él me atrapaba... bueno, pues entrenabamos.

Sacudí la cabeza. El miedo parecía ser real de nuevo.

-Al final no fue tan malo -añadí, con falsa alegría en mi voz-. El alumno logró superar al maestro y me marché de allí en cuanto pude.

Esperé con el rostro escondido tras una densa cortina de pelo y aferrada con desesperación a mis propias rodillas. Esperé su reacción, su respuesta. Yo no era fuerte como él, yo siempre tuve miedo y lloré a escondidas. ¿Vería asco y repugnancia cuando le mirase a la cara? ¿Decepción? ¿O el infrnqueable muro de hielo habría vuelto a crecer? Esperé y temblé.
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Kirtash

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MensajeTema: Re: Tras la batalla   Vie Abr 10, 2009 4:28 am

Al principio me excitó que fuese ella misma quien me enseñase dónde debía tocarla para complacerla. O al menos eso pensaba que estaba haciendo hasta que comenzó a hablar.
Me sentí como si me arrojaran un gran jarro de agua fría por la cabeza. Todo lo que me estaba contando, todas las huellas que había dejado su pasado marcadas en su cuerpo me llenó de rabia. Una rabia ciega contra aquel que se hacía llamar su padre, contra su hermano, contra aquellas dos bestias que habían intentado cortarle las alas a golpes.
La ira era brutal, me recorría las venas, y cada vez que la miraba de nuevo y la observaba escondida en sus cabellos, sentía que me dominaba.

-Natsuki -La llamé con voz ronca. Bajo el agua mis manos se habían convertido en puños.

Ella alzó la mirada despacito, como un animalillo asustado, y fue esa visión la que me confundió de nuevo. Mi mirada era dura, severa, pero al mismo tiempo no podía resistir el efecto de aquellos ojos verdes que se posaban con timidez sobre los míos.
Con toda la delicadeza que pude en aquel momento, deshice el nudo que mantenía sobre sus rodillas y me llevé su muñeca a los labios. La besé dulcemente, decidido a que fuese ella quien decidiera qué hacer. Le ofrecía lo mismo que ella me acababa de ofrecer a mí. Desahogo.

¿Quería caricias, abrazos, frases bonitas al oído? Se las daría porque, por una vez, las tenía.
¿Quería sexo, pasión, un calor ardiente que lo borrase todo? También estaba dispuesto a concedérselo.

-Te deseo -Susurré, medio embobado, aún contra su muñeca.

¿Qué deseas tú? Se preguntaban todas las células de mi cuerpo.
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Nymeria

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MensajeTema: Re: Tras la batalla   Vie Abr 10, 2009 4:58 am

Dos palabras simples, sencillas de entender incluso para mí. Abrí los ojos desconcertada, completamente sorprendida por su respuesta, para nada era lo que yo esperaba. Y aun temblorosa, entre el miedo y el placer, dejé que mis músculos se relajasen y me deslicé hasta su regazo.
Él me recibió entre sus brazos y me estrechó, respondiendo a mis besos, al principio tiemidos, todavía un poco inseguros, pero que enseguida recuperaron fuerza y pasión. Sus manos borraron los recuerdos que acababa de recuperar, sustituyéndolos por unos nuevos, mucho más placenteros.
Me apreté contra su cuerpo y dejé que mis manos lo explorasen, sin poder creer que fuese real. Volví a colocarme a horcajadas sobre él, le estaba cogiendo gusto a esa postura.

-¿Tú...? -cerré la boca, antes de estropearlo todo con más palabras estúpidas. Antes le había prometido que en cuanto él decidiese terminar la conversación vendrían los besos, pues bien, iba a cumplir mi promesa.

-Te he contado lo que querías saber -murmuré en su boca, fundiéndome en un apasionado beso-. Ahora quiero mi premio.

Me dejé llevar por sus manos. Él también cumplió su promesa y cuando volvió a mirarme a los ojos, las rodillas me temblaban, apenas capaz de respirar. Aquel chico era fabuloso.
No tengo muy claro cómo terminamos en su cama de nuevo, perdida como estaba en todas las sensaciones que fundían mi cuerpo. Yo besaba, tocaba, mordía y acariciaba cada pedacito de Shinichi que quedaba a mi alcance y él respondía en consecuencia. Grité hasta que mi voz aguantó y después gemí y jadeé, intentando transmitirle todo lo que me estaba haciendo sentir.
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Kirtash

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MensajeTema: Re: Tras la batalla   Vie Abr 10, 2009 5:21 am

Aquel baño era estrecho e incómodo y a ambos nos estaba dejando agotados llevar el ritmo sin resbalar por la superficie. El chaf chaf que hacía su cuerpo al entrar y salir del agua me estaba poniendo nervioso y no quería estropearlo, así que aproveché uno de sus saltos para acercarla todavía más y poder alzarla conmigo.
Me levanté con esfuerzo intentando no escurrirme y me las apañé como pude para llegar hasta mi habitación. El bamboleo que hacía mi cuerpo al andar fue nuestro nuevo ritmo durante aquel agónico trecho que había hasta mi habitación.
Una vez allí, la tumbé sobre la cama y coloqué una de sus piernas sobre mis hombros. Empujé de nuevo y volvieron los jadeos, los suspiros, los gemidos... la cabeza me daba vueltas de puro placer.

Cuando terminamos, rendidos los dos sobre la cama, me giré hacia ella y la atraje hacia mí. Apoyé mi cabeza contra su pecho, colocándome de tal forma que no le hiciese daño. Había más claridad en la habitación, pero apenas molestaba.
No fui consciente de que el sopor me llevaba, mis ojos se cerraron mientras aún contaba los latidos de su corazón.
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MensajeTema: Re: Tras la batalla   

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